miércoles, 29 de marzo de 2023

EL CÓDIGO DEL SUPERVIVIENTE


Las prácticas de supervivencia, importantes desde un punto de vista téc­nico para salvar vidas de pilotos, marinos y soldados, que en un caso real puedan naufragar o quedarse aislados sin medios de subsistencia, son también muy fructíferas para todos los miembros de las Fuerzas Armadas, tanto por los lazos de cohesión que se consiguen al realizarlas, como por el descu­brimiento individual de la necesidad de un Jefe y organización intergrupal, en mayor medida de lo que creían a priori y, sobre todo, para conocer mejor los límites de resistencia físicopsíquica, aprender a superarse a sí mismos, a vencer las dificultades y a dominar situaciones estresantes que ante un con­flicto se presentarían en mayor grado.

Este tipo de experiencias, en las que los individuos sufren directamente las inclemencias climatológicas y la privación de la mayoría de las comodi­dades a las que están acostumbrados en la sociedad actual, son una auténtica escuela para aprender el valor de las cosas sencillas (el fuego, el agua, la sal, la comida, el pan, los artilugios que ellos mismos se construyen, sustitutivos de los artículos de consumo, etc.), para hacer de la Naturaleza una aliada a la que no se debe temer, para saber convivir en grupo, organizarse el trabajo, fomentar el compañerismo y espíritu de la Unidad, autocontrolar su instinto de conservación, conocer sus propias posibilidades, experimentar la pérdida de la noción del tiempo y la tendencia a exagerar en la percepción de sensa­ciones anteriormente vividas.

En definitiva, las prácticas de supervivencia son positivas para cualquier Unidad, no sólo aquellas que pueden verse más afectadas, en un caso real, por tener un mayor riesgo de quedarse aisladas, sino para cualquier otra, por los múltiples beneficios que se obtienen:

— En tiempo de paz:

· Espíritu de unidad y fuerte cohesión entre los soldados.

· Compañerismo.

· Necesidad del Jefe y de la disciplina y organización.

· Descubrimiento de nuevas facetas de la personalidad.

· Respeto a la Naturaleza.

· Apreciar el valor de las cosas sencillas.

· Endurecimiento físico y psíquico.

— En caso de guerra:

· Vencer el instinto de conservación y el temor ante las situaciones adversas y reacciones del enemigo.

· Conocer mejor las propias posibilidades y limitaciones.

· Percibir las nuevas sensaciones estresantes de una forma más acorde con la realidad.

· Mantener la mente ocupada y una constante actividad para evitar el decaimiento de la moral.

· Conocer los efectos de la pérdida de la noción del tiempo en comba­tes continuados de varios días.

· No decaer ante cortes de suministros logísticos o la falta de ciertas comodidades.

· Aprovechar las condiciones atmosféricas adversas en beneficio pro­pio y no del enemigo.

CODIGO DEL SUPERVIVIENTE:

— Superar el pánico y el miedo. El miedo agudiza nuestros sentidos y nos templa para afrontar con éxito los peligros que nos amenazan. Pero ha de ser refrenado y debidamente canalizado para que no se transforme en pánico.

— Utilizar todas las fuerzas para sobrevivir. La idea de la muerte, cuan­do en una situación de supervivencia se está agotado por diferentes motivos, no parece en absoluto repulsiva, es más, se contempla como un descanso. Por eso, nuestra voluntad de vivir debe ser constante. 

— Pocas cosas salen bien si se hacen a la ligera. Cuanto más desesperada es una situación, más necesarias son la disciplina, el orden y el método. 

— Estimar el valor de las cosas. En una situación de supervivencia, NADA, por nimio o insignificante que nos parezca, debe desestimarse. Todo puede tener su utilidad en un momento determinado. 

— Recordar dónde se encuentra. Haciendo un recuento de los medios disponibles y de los peligros existentes, se podrá formar un plan a seguir, cuyo objetivo principal debe ser enlazar con las fuerzas propias. 

— Valorar la situación. Ocupar la mente de inmediato con un análisis de la situación y de las tareas que se imponen con mayor urgencia. 

— Improvisar. La imaginación es una fuente inagotable de recursos. La ausencia de medios debe ser un acicate, nunca un obstáculo insalvable. 

— Vivir como los nativos. Las costumbres de los habitantes de una determinada zona no son fruto del capricho o el azar, sino consecuencia de la adaptación del individuo al medio en el que vive. 

— Aprender. De todo y de todos, constantemente; de ello dependerá la vida.



PARA SOBREVIVIR ES IMPORTANTE MANTENER UN BUEN ESTADO MENTAL


Nadie puede estar enteramente preparado para afrontar una situación de supervivencia. Tiene ya suerte quen disponga de un botiquín, un rifle o un hacha y más todavía el hombre con maña, es decir, el que domina los conocimientos y técnicas que le harán salir adelante de situaciones muy difíles y conflictivas

Pero, por diestro o afortunado que uno sea, el hallarse de repente solo y abandonado a sí mismo en una región remota supone un trastorno de toda la personalidad, un choque tanto emocional y mental como físico, por ello es importante conocer la psicología de la supervivencia y adquirir las técnicas necesarias para salir airoso de tales situaciones.

VOLUNTAD DE SOBREVIVIR

Entre las atletas, en particular corredores de fondo y semifondo, se da con frecuencia un fenómeno bien conocido —y temido— por todos ellos. Recorrida ya cierta distancia, el deportista, en cuestión de pocos metros, rompe el ritmo que llevaba, se "afIoja" y empieza visiblemente a perder velocidad, ¿Qué ha pasado? Las agujetas, los calambres o el cansancio han quitado la voluntad de vencer. 

El mismo fenómeno suele producirse en las situaciones que llamamos "de supervivencia"; sólo que aquí está en juego algo mucho más importante que triunfar en una prueba deportiva. Se refieren casos de individuos que, una vez rescatados y tratados de todas sus enferimedades, han muerto en el hospital. Habían perdido las ganas de vivir. 

Las experiencias de centenares de militares aislados en la naturaleza durante la Segunda Guerra Mundial, así como en Corea y Vietnam, prueban que la supervivencia es en gran parte una cuestión de actitud psicológica. Y sin duda el factor más importante es la voluntad de sobrevivir. Ya se trate de un grupo o de un hombre solo, no pueden evitarse los problemas emocionales que lleva consigo el shock, el miedo, la desesperación, la soledad, el tedio, etc. A estos factores de índole mental, que menoscaban el deseo de vivir, vienen todavía a añadirse otros corno el dolor físico, la fatiga, el hambre o la sed. Si uno no está preparado mentalmente para superar tales obstáculos y enfrentarse con lo peor, sus posibilidades de sobrevivir serán escasas.

EL PODER DE LA MENTE

Las entrevistas realizadas con miles de supervivientes de los campos alemanes de concentración después de la Segunda Guerra han denostrado, que el cuerpo humano, guiado por el espíritu, posee, una asombrosa capacidad de resistencia. Nuestros cuerpos son máquinas sumamente complejas, pero capaces de seguir funcionando aun en las peores condiciones de dureza y degradación, con tal que esté presente la voluntad de vivir. 

En tales casos, las exigencias energéticas del organismo, que se traducen por la necesidad de alimentarse, llegan a reducirse casi a cero, Los supervivientes de los campos nazis de concentración nos dicen que, aun en aquellas circunstancias inhumanas, sentían que valía la pena conservar la vida. En muchos casos, sólo se salvaron gracias a esa actitud mental.

PREPARACIÓN

La oportuna preparación proporciona al individuo, llegado el caso de tener que sobrevivir, una gran fuerza psicológica para hacer frente a sus diflcultades. Por supuesto, nadie espera verse en esas circuntancias, pero todos podemos prevenir ciertos riesgos que las favorecen. Si uno se apresta a ir de "camping" o de excursión, si se propone efectuar un viaje de recreo en avioneta o por mar, aumentan para él las posibilidades de accidente con peligro grave y aun extremo de perder la vida. 

Las sugerencias que siguen no sólo son buenos consejos. Puestas en práctica, constituyen un firme sosten psicológico en las citadas condiciones:

1) Prepárese un «equipo de supervivencia» para llevarlo en cualquier viaje o excursión donde uno pueda correr el más mínimo riesgo de extraviarse o quedar aislado. 

2) El propietario (o usuario asiduo) de una avioneta, un yate o cualquier otro vehículo de recreo ponga siempre un ejemplar de un manual para emergencias en la guantera o en la caja de herramientas. 

3) El que va de excursión por lugares poco frecuentados o acampa en ellos, llévelo también en su mochila. 

4) Apréndase de memoria lo más posible de la información contenida en esta web. El conocimiento de las técnicas fundamentales de supervivencia da confianza, y ésta ayuda a superar con mayor facilidad las dificultades del medio ambiente.

PÁNICO Y MIEDO

Casi todos los que alguna vez se han encontrado perdidos, aislados, lejos de la civilización, han experimentado el miedo; miedo a lo desconocido, al dolor y la incomodidad, a las propias flaquezas. 

El miedo, en tales, condiciones, no sólo es normal, sino hasta saludable. El miedo agudiza nuestros sentidos y nos proporciona terapia para afrontar con éxito los peligros que nos amenazan. Desde el punto de vista fisiológico, es una descarga de adrenalina que se produce de modo natural en todos los mamíferos como mecanismo de defensa ante cualquier elemento hostil o, simplemente, ante lo desconocido. 

Pero el miedo ha de ser refrenado y debidamente canalizado para que no se transforme en pánico. Este último es la reacción más destructiva que puede darse en un caso de supervivencia. Las energías se desperdician, el pensamiento racional queda disminuido o completamente destruido, y toda acción positiva con miras a sobrevivir se torna imposible. 

El pánico conduce no pocas veces a la desesperación, enemiga acérrima de la voluntad de supervivencia. Para hacer del miedo un aliado y del pánico una imposibilidad, es menester adoptar ciertas medidas de tipo mental que fomenten en nosotros una actitud positiva. 

Como ya hemos dicho, una adecuada preparación y el conocimiento de las técnicas básicas de supervivencia inspiran seguridad, lo cual es ya un primer paso hacia el dominio de sí mismo y del medio ambiente. Además, importa ocupar la mente de inmediato con un análisis de la situación y de las tareas que se imponen con mayor urgencia. 

Las indicaciones siguientes, que presentamos en forma de acróstico a partir de la palabra inglesa SURVIVAL (supervivencia) para facilitar su memorización, constituyen la primera lista de medidas básicas y, lo que es más inportante, centran la mente en los quehaceres mis inmediatos, sublimando así el miedo y soslayando el peligro. de pánico.

SURVIVAL

- Size Up the Situation ("Hazte cargo de la situación"): 

¿Estoy herido?; ¿qué medidas de urgencia debo tomar? ¿en qué estado físico se encuentran mis compañeros de grupo? ¿qué peligros inmediatos me amenazan? ¿hay algún detalle previo a mi situación actual que me permita saber dónde estoy o cómo he de proceder para tener las máximas probabilidades de sobrevivir? ¿hay agua por aquí cerca? ¿alimentos? ¿cuáles son las condiciones meteorológicas y geográfIcas? ¿puede algo de la que me rodea contribuir a mi supervivencia? 

- Undue Haste Makes Waste (No tengas prisa indebida): 

Evítese todo movimiento o marcha inútil, sin objetivo preciso. Es importante conservar la própia energía en tanto no se tenga una idea completa de la situación. 

En las condiciones que nos ocupan, la energía es un factor más valioso que el tiempo (salvo en casos de urgencia médica). Debe pues evitarse toda actividad física que no esté en función de un plan y unss tareas especificas. 

La actividad gratuita engendra un sentimiento de desamparo que fácilmente puede culminar en pánico. 

- Remember Where You Are. ("Recuerda dónde estás"):

Es muy probable que uno tenga que explorar el terreno y alejarse de su puesto inicial. De la familiaridad nace la seguridad, y nada deprime tanto en una situación de supervivencia como "perder" el punto de partida o el que uno mismo habla fijado como base. Obsérvense con atención los alrededores, los rasgos topográficos más relevantes, etc., y hágase de todo ello una imagen mental. 

Al abandonar la "base", márquese el camino para poder siempre volver sobre los propios pasos. Por perdido o aislado que uno esté, siempre se encuentra en "alguna parte". Saber dónde se está, por lo menos con referencia a los aledaños inmediatos, incrementa las posibilidades de ser rescatado. 

- Vanquish Fear and Panic ("Domina el miedo y el pánico"): 

El recuerdo consciente de la fuerza debilitadora del miedo y el pánico contribuye ya de por sí a alejar este peligro. Hágase de cuando en cuando un examen de la propia actitud al respecto, analizando objetivamente los resultados. 

- Improvise ("Improvisa"): 

Sea cual fuere el lugar donde uno se halle, siempre habrá algo -próbablernente varias cosas- por hacer o por aprovechar con vista a la supervivencia. La inventiva y le creatividad modifican favorablemente las circunstancias. Es preciso rechazar los puntos de referencia habituales y adoptar otros nuevos. Por ejemplo, un árbol no es ya un árbol, sino un refugio y una eventual fuente de comida, combustible, vestido, etc. Familiaricémonos, por tanto, con las cosas que nos rodean. Como en una ilusión óptica, la mente transformará de modo milagroso los seres y objetos de la naturaleza en instrumentos de supervivencia.  

- Value Living ("Aprecia tu vida"):

El instinto de conservación es básico en el hombre y el animal. De él han nacido no pocas revoluciones culturales y tecnológicas a lo largo de la historia. En circunstancias extremas la voluntad de sobrevivir puede verse sometida a una dura prueba. 

Una vez perdida, todo conocimiento de las técnicas de supervivencia se vuelve inútil.

No deben pues correrse riesgos innecesarios. La clave de la supervivencia es el propio individuo, y cualquier temeridad de la que pueda salir herido o parcialmente incapacitado limita su eficacia en orden a sobrevivir. 

- Act Like the Natives (Imita a los indígenas): 

En muchos lugares apartados de la civilización es posible descubrir habitantes humanos. Los indígenas o las tribus de vida y costumbres primitivas no suelen ser hostiles. 

Sin embargo, hay que ser prudente al establecer contacto con ellos. Los nativos conocen la región, pueden decirnos dónde encontrar agua, abrigo, alimentos, y hasta indicarnos el camino de regreso a la civilización. Téngase cuidado de no ofenderles, tanto más cuando que pueden salvarnos la vida. 

He aquí algunas normas para captarse su benevolencia: 

1) Déjeseles tomar la iniciativa en el contacto. Luego, háganse todos los tratos directamente con el jefe para obtener lo que se desee. 

2) Adáptese una actitud amistosa, cortés y paciente, sin mostrar temor y, mucho menos, esgrimir un arma. 

3) Respétense sus usos y costumbres.

4) Respétense sus pertenencias. 

5) En la mayoría de las culturas tribales es manifiesto el predominio masculino. Por regla general, evítese el contacto o trato directo con las mujeres de la tribu. 

6) Apréndase de los indígenas todo lo relativo a la región en que uno se encuentra (selva, jungla, etc.), así como los modos de procurarse comida y bebida. Pídaseles consejo acerca de los peligros locales. 

7) Evítese el contacto físico con los nativos, pero haciéndolo disimuladamente. 

8) El papel moneda no suele ser útil para negociar con estas gentes, pero lo son en cambio las monedas propiamente dichas y a menudo también otros objetos como fósforos, tabaco, sal, hojas de afeitar, recipientes vacíos, ropa. etc.

9) Procürese dejar buena impresión entre los nativos. Otras personas podrían, como nosotros, precisar de su ayuda.

- Learn Basic Skills ("Aprende las técnicas básicas"). 

En esta web se enseñan las técnicas básicas de supervivencia. Pero aprender es hacer. Cuanto más repitamos en la práctica esas tareas y técnicas fundamentales, tanto mayor será nuestra aptitud para realizadas en caso de necesidad.

La supervivencia es una actitud mental, positiva, de cara a nosotros mismos y. a lo que nos rodea. Una vez memorizadas y analizadas las sugerencias que preceden, tendremos ya trazado el camino por donde han de discurrir nuestras acciones y tareas más urgentes.


LA ALIMENTACIÓN VEGETAL: 10 PLANTAS DE APROVECHAMIENTO


Tratado lo referente al agua y a las sales, la comida es la segunda necesidad vital del hombre. Es obvio comentar su importancia.

Sabido es que las energías dependen en forma proporcional del régimen alimentario que se observe. Se puede pasar mucho tiempo sin comer; pero, a menos que sea en casos excepcionales, se debe comer con regularidad. De qué y cómo alimentarse es accidental; lo importante es hacerlo. 

En el campo hay comida si se sabe encontrar. Previendo lo que pueda suceder, al menor indicio de que se pueda quedar aislado, obsérvense las siguientes normas: 

Dividir los recursos en tres partes: dos para la primera mitad del recorrido y una para la segunda, teniendo en cuenta la capacidad de conservación de los alimentos. 

— Si no se dispone de agua, evítense las comidas fuertes. 

— Evitar los trabajos y esfuerzos grandes. 

— Es conveniente una comida fuerte al día y, si es posible, caliente. 

— No se debe desperdiciar nada que después pudiera ser necesario. 

— Atención a todo aquello que pueda suponer un aumento de la despensa. 

— En igualdad de condiciones, desechar los alimentos que no se conozcan, prefiriendo los conocidos. 

— Una vez que se tenga la certeza de que un alimento es comestible, debe olvidarse el concepto "sabor" y adoptar el concepto "sobrevivir".

ALIMENTOS DE ORIGEN VEGETAL

Tienen estos alimentos poco poder calórico, por lo que hay que consumir cantidades considerables para satisfacer las mínimas necesidades de sostenimiento; por el contrario, son una fuente considerable de vitaminas y sales minerales.

Todas las hortalizas pueden ser consumidas bien cocidas o crudas (independientemente del sabor); de ellas se pueden consumir las hojas, los tallos, los bulbos o raíces. Se deben excluir las hojas de la patata y del tomate, pues contienen un componente tóxico. 

La ventaja de cocerlas es que el alimento se esteriliza, es más digestible y se puede consumir en mayor cantidad. Los granos de las leguminosas: guisantes, habas, judías, lentejas, etc., son particularmente nutritivos. Lo mismo que lo son los granos de los cereales: trigo, cebada, avena, centeno, maíz, etc.; pueden consumirse cocidos en forma de sopa, macerados o germinados, evitando en lo posible el consumirlos crudos. 

Los vegetales silvestres tienen gran importancia por tratarse de vegetales comestibles, que pueden ser encontrados en los bosques, lechos de los ríos, prados, etc., y que no requieren su búsqueda en lugares cultivados y habitados. Por lo general, las plantas silvestres pueden ser consumidas crudas. 

No todas las plantas, en su estado natural, son de agradable sabor, pero en circunstancias de supervivencia no habrá otra opción. Sobre algunas se puede tener la duda de si son o no comestibles; siempre que no se tenga la certeza, lo mejor es no comerlas. Se dan unas sencillas normas que pueden servir de ayuda: 

— Si la planta despide un jugo lechoso, dejarla. 

— Si cruda tiene un sabor picante, amargo o nauseabundo, no comerla. 

Existen, aproximadamente, 120.000 especies de vegetales comestibles, lo que nos prueba la gran fuente de alimentos a los que podemos recurrir. Es conveniente recordar que el sabor excesivamente amargo se puede atenuar teniendo los vegetales varias horas en un baño de agua fría, y en todo caso, después de cocidos, enjuagar nuevamente con agua fría. 

Una dieta vegetal, basada casi exclusivamente en plantas silvestres, puede tener efectos laxantes. 

Las plantas silvestres comestibles más comunes agrupadas por familias (según el Dioscórides renovado, de Pío Font Quer) son:


1. Sargazo vejigoso (Fucus vesiculosus).

Formado por láminas acintadas, repetidamente ahorquilladas, de 1 a 1,5 cm de anchura, por en medio de las cuales discurre una vena realzada, y en la base del sargazo se forma un pedículo que sostiene el alga enhiesta y la sujeta a las rocas submarinas. De trecho en trecho, en sus frondes acintadas se forman abolladuras ovoidales llenas de aire que hacen de flotadores y mantienen erguido el sargazo. Se cría en las rocas sumergidas del Cantábrico y del Atlántico, desde el País Vasco hasta Andalucía.

Aprovechamiento. 

En las costas anglosajonas, los habitantes del litoral lo comen a guisa de verdura.

2. Musgo de Irlanda (Chondrus crispus Stackhoeuse) 

Esta especie es un alga que forma a modo de una hoja de 5 a 8 cm, dividida en numerosos segmentos ahorquillados, enteros, de 2 a 12 mm de anchura, unas veces dilatada transversalmente, otras, más angosta y más alta, crespa, de consistencia cartilaginosa y color rojo purpúreo en las algas ya hechas, o ligeramente violáceo cuando jóvenes. 

Por su forma, el musgo de Irlanda viene a recordar el llamado liquen de Islandia. Se cría y forma a menudo extensos céspedes en las rocas submarinas del Cantábrico y del Atlántico, desde el golfo de Vizcaya hasta Andalucia. 

Aprovechamiento.

Cortado y remojado sirve para producir jaleas con leche y miel. Siendo innocuo, puede echarse cuanta alga se quiera para dar a la jalea el punto deseado.

3. Pino piñonero (Pinus pinea)

De sobra conocido. 

Aprovechamiento. 

Sus piñones son comestibles.

4. Abedul (Betula verrucosa) 

De sobra conocido por la blancura de su corteza, mucho más blanca que la del álamo temblón, con el cual, por sus muchas semejanza, se confunde a menudo. Sus flores nacen antes de que le broten las hojas, son muy pequeñitas, verdosas y se reúnen en gatillos o amentos colgantes.

Se cría en las riberas y humedales de todo el N. de la Península, así como en otras cordilleras de la mitad septentrional. 

Aprovechamiento. 

Se puede sangrar el árbol a fines de invierno, cuando la savia se mueve y se remonta por el árbol. Esta savia se puede tomar a voluntad. También se puede fermentar añadiéndole levadura de cerveza o de vino, con lo que se convierte en cerveza o en vino de abedul. Tanto fermentada como no, es una bebida ligera y de agradable sabor. No fermentada es además medicinal. 

Para sangrar el árbol basta hacer una incisión en la parte mediana o superior del tronco, colocando debajo una vasija para recoger el jugo destilado. 

5. Avellano (Corylus avellana) 

Arbusto o, a lo sumo, arbolito, de sobra conocido. Tiene las ramitas nuevas cubiertas de una pelusilla corta. Sus hojas tienen una figura redondeada, con una escotadura en la base y una punta en su extremo; los bordes, sinuosos y con aserraduras puntiagudas y desiguales; muestran alguna aspereza al tocarlas y la nervadura es muy ostensible en la cara inferior. 

Mucho antes de brotar las hojas nuevas, en enero, ya están en cierne los avellanos. Se cría en las montañas, mayormente en las umbrías y en lo hondo de las quiebras y barrancos de la mayor parte del país, pero es raro verlo hacia el Sur. 

Aprovechamiento. 

Las avellanas se comen, crudas o tostadas. También se prepara horchata de avellanas, previamente machacadas y con agua y azúcar.

6. Castaño (Castanea sativa) 

Arbol de sobra conocido. 

Aprovechamiento. 

Su rico fruto se puede tomar natural, cocido, asado o dejado secar (pilonga). 

De composición parecida al trigo, con su harina se puede hacer pan. Es fácil de confundir con el del castaño de Indias (tóxico).

7. Haya (Fagus silvatica) 

Arbol de sobra conocido. 

Aprovechamiento. 

Sus hojas tiernas se pueden comer en ensalada. Su semilla, el hayuco, tiene un alto valor energético y proteico; su aceite, contenido en los hayucos, es rico en vitaminas, proteínas y sales. En todo caso, si, como se dice, los hayucos contienen principios tóxicos, éstos no se encuentran en el aceite, sino en el bagazo resultante de su extracción.

8. Roble, encina, alcornoque, coscoja, quejigo, melojo (diversas especies del género quercus: robur, ilex, suber, coccifera, faginea, pyrenaica)

Los tres primeros son árboles de sobra conocidos; los robles requieren climas lluviosos del Norte; la encina se halla en todas las comarcas peninsulares de clima seco, enrareciéndose mucho en el oeste y noroeste de la Península; el alcornoque puebla grandes extensiones de la vertiente atlántica peninsular, en la mitad occidental de nuestro país, así como en el nordeste de Cataluña. 

La coscoja es un árbol verde todo el año, abundando en las tierras secas de la mayor parte de la Península. 

El quejigo es el roble agallero por excelencia, pareciéndose a la encina por sus hojas más persistentes que las de los otros robles, si exceptuamos casos raros. Es frecuente en las zonas peninsulares de clima mediterráneo. 

El melojo tiene las hojas blandas, como afelpadas en ambas caras, grandes y divididas en gajos profundos y lobulados. Es un roble atlántico que se extiende por la mayor parte de la Península. 

Aprovechamiento. 

Las cortezas son ricas en materias tánicas. Sus frutos, las bellotas, contienen fécula, azúcares, grasa, tanino, etc., y se comen como las castañas.

9. Nogal (Juglans regia) 

Arbol de sobra conocido. Se le encuentra con preferencia en el fondo de los valles, en tierras profundas y arenosas, rehuyendo los sitios desabrigados y combatidos por vientos fuertes. 

Aprovechamiento. 

Tanto las hojas frescas como las nueces inmaduras son ricas en vitamina C, que pierden rápidamente por la desecación. Las hojas se pueden tomar a manera de té. Las nueces son un rico alimento; majadas y exprimidas se extrae aceite.

10. Moral (Morus nigra) 

Arbol que crece hasta 15 m de altura, con grandes hojas hasta de 15 cm de anchura, redondeadas en la base o un poco acorazonadas, dentadas en los bordes y vellosas en los nervios del envés, sostenidas por un rabillo acanalado y de color verdinegro. Se cultiva en casi toda la Península, tanto en las comarcas lluviosas como en los regadíos, si el clima es seco.



LA REANIMACIÓN Y TRANSPORTE DE HERIDOS. PRIMEROS AUXILIOS


En ocasiones a un lesionado o enfermo se le puede encontrar en un estado de pérdida de conocimiento. Ante esta emergencia se debe proceder a comprobar si existe respiración espontánea, latido cardíaco y de las carótidas (en el cuello) y si las pupilas reaccionan a la luz. 

Si cualquiera de los signos anteriores está alterado, se debe comenzar con la respiración artificial y el masaje cardíaco. La vida de estos pacientes dependerá de la rapidez de la aplicación de estos métodos.

RESPIRACION ARTIFICIAL

En primer lugar, se coloca el cuerpo yaciendo sobre la espalda, con la cabeza girada hacia uno de los lados, y se extraen de la boca, con los dedos, los posibles cuerpos extraños (vómitos, nieve, tierra, sangre, dentadura artificial, etc.). Conviene recordar que el hombre puede vivir sin aire sólo tres minutos. 

El socorrista se arrodillará a un lado, al mismo nivel del muerto aparente, al que se le colocará una almohadilla debajo de los hombros, de modo que la cabeza quede colgando hacia atrás. Con una mano cogerá la cabeza por la parte de la raya del pelo, y la otra se apoyará plana sobre el mentón, con el pulgar sobre la boca cerrada, y se flexionará la cabeza hacia atrás todo lo posible, al mismo tiempo que el maxilar inferior se separa hacia arriba. 

El socorrista respira rápida y profundamente y aplica con fuerza su boca bien abierta sobre la nariz del muerto aparente, y expulsa con fuerza el aire aspirado hasta que se eleve la caja torácica del socorrido, lo que se observa claramente. Entonces retira su boca para la próxima inspiración, con lo que el paciente, sin conocimiento, expulsa por sí mismo el aire insuflado, gracias a la elasticidad de sus pulmones y de su caja torácica. 

La posición de la cabeza del inconsciente debe ser conservada como estaba. 

Mientras el socorrista aspira aire, debe vigilar el movimiento de espiración de la caja torácica del inconsciente y escuchar su murmullo respiratorio.

Tan pronto como haya inspirado el socorrista, ha de insuflar de nuevo el aire a los pulmones del sujeto inconsciente a través de su nariz. Por ello, el muerto aparente debe ser insuflado con la boca al menos diez veces en sucesión rápida, para pasar después a un ritmo normal, más lento, de diez a doce respiraciones por minuto. 

El socorrista no debe respirar demasiado profundo ni excesivamente rápido, ya que puede sufrir vértigos. 

La respiración boca a boca es algo más difícil (no se debe olvidar cerrar la nariz), pero se aporta con cada inspiración más cantidad de aíre salvador a los pulmones del muerto aparente, ya que el aire encuentra menos obstáculos y rozamientos en su penetración. 

La respiración boca a nariz está a menudo impedida por alguna lesión de esta última, pero esta clase de respiración artificial directa resulta más efectiva y lograda que cualquier otra, por lo que debe ser practicada en cualquier circunstancia antes que nada. 

Cuando se trata de conservar la vida de un compañero no deben tenerse en cuenta para la práctica de la respiración artificial ningún tipo de consideraciones de higiene, repugnancia, susto o cualquier otro inconveniente comprensible. 

Resulta práctico colocar el pañuelo propio sobre la boca o nariz del accidentado. 

La respiración artificial descrita es a menudo suficiente para la reanimación, ya que los pulmones insuflados rítmicamente ejercen una presión sobre el corazón, resultando por ello estimulado para una acción más eficaz. 

Cuando no se observa mejoría con la ventilación artificial y no se puede percibir el latido carotideo o el cardíaco, se procederá al masaje cardíaco sin pérdida de tiempo.

MASAJE CARDIACO

Se coloca al individuo inconsciente sobre una base dura (suelo, tablas), y el socorrista se arrodilla a su lado, con las manos superpuestas sobre el esternón en el centro del tórax. A continuación, se presiona la caja torácica con los brazos extendidos, una vez por segundo. Se puede desplazar el tórax de dos a cinco centímetros, de modo que la presión alcance realmente al corazón. El esternón transmite al corazón la presión recibida contra la columna vertebral por detrás. 

La presión debe ser fuerte y el esternón empujado en profundidad, de modo que el corazón resulte realmente comprimido contra la columna y se desplace sangre hacia la periferia. Con ello comienza, por una parte, la circulación de la sangre, y, por otra, los golpes estimulan el centro automático del corazón para recobrar el ritmo propio por sí mismo. 

Si la respiración artificial y el masaje cardíaco deben ser practicados simultáneamente por un solo socorrista, se dan las siguientes normas: 

— Se practican cinco respiraciones en sucesión rápida. 

— Se continúa con cinco golpes de masaje cardíaco.

— Se sigue la respiración artificial durante otras tres veces. 

— El masaje cardíaco se continúa con quince compresiones. 

Si se dispone de dos socorristas, se procede del siguiente modo: 

— Cinco respiraciones del primer socorrista y cinco golpes de masaje cardíaco por el segundo. 

— Se continúa sucesivamente con una insuflación de aire por el primero, seguida de cinco golpes de masaje por el segundo.

TRANSPORTE DE HERIDOS

La forma correcta de recoger y transportar heridos y enfermos es una de las partes más importantes del tratamiento de urgencia. De la actuación en este sentido va a depender en gran medida el ulterior pronóstico del herido. 

Es esencial que se hagan las maniobras de una forma suave y delicada, ya que una maniobra brusca en una fractura cerrada puede convertirla en abierta, agravando considerablemente al herido; también, una fractura cervical, al ser movilizado de forma indebida, puede producir una muerte súbita. 

Los puntos de actuación ante un accidentado son los siguientes: 

— Observación del accidentado.
 
— Exploración sistemática (empezando por la cabeza y finalizando por los pies) y cuidadosa del cuerpo del herido, atendiendo fundamentalmente a investigar si sangra, si respira o si tiene alguna fractura. 

—  Cuidados generales in situ. Consisten en proporcionar los primeros cuidados al accidentado, restringiendo la actuación en lo que no se conoce y teniendo primacía la atención de las hemorragias y la práctica de la reanimación, en su caso, así como calmar el dolor intenso. 

— Valoración de la evacuación. Antes de emprender el transporte se debe sopesar cuidadosamente el estado del lesionado, los medios disponibles de evacuación, la dificultad del itinerario a recorrer y las circunstancias climatológicas. Muchas veces convendrá más permanecer en el lugar del accidente que realizar un transporte en malas condiciones. 

— Cuidados durante el transporte. Revisión de los remedios adoptados, aflojar torniquetes periódicamente, cuidados en el estado general del evacuado, etc.

Para el transporte de heridos existen innumerables métodos improvisados para la evacuación.

IMPROVISACION DE CAMILLAS

Si es preciso trasladar un herido y no se dispone de camilla, siendo el trayecto largo para realizarse a hombros o que las condiciones del herido no permitan este medio de transporte, se puede improvisar una camilla con medios que pueden encontrarse fácilmente: 

— Camilla de varas y manta. Se sustituyen los largeros de la camilla por ramas resistentes, tubos, etc., y el lienzo de la camilla por una manta. Se extiende la manta en el suelo y se coloca una vara longitudinalmente en la mitad de la misma, doblándola a continuación. Se coloca la otra vara en el centro de la manta doblada y se hace una nueva doblez que cubra la vara; a continuación se deposita encima al herido, que, por su propio peso, impide que se despliegue la manta. 

— Camilla de varas y chaquetas, guerreras, camisas. Se hace uso de dos prendas abrochadas al revés, de tal forma que quedan las mangas por dentro. Se pasan las varas a lo largo de las mangas, quedando formada una camilla improvisada.

— Camilla de varas y sacos. Se practica una abertura en cada una de las esquinas del saco, metiendo lo que hace de laguero por la boca del mismo, para que salga por la trasera. 

Si los sacos son cortos, se pueden poner dos, uno a continuación del otro; o bien, si son de tejido poco resistente, se pueden también enfundar dos, uno dentro del otro. 

— Camilla de tablas o puertas. Cualquier superficie plana de dimensiones apropiadas, como es una puerta, un tablero, una chapa, etc., puede servir de camilla improvisada. 

En cualquiera de los casos descritos, si la camilla se va a transportar sobre los hombros, conviene que las varas tengan la suficiente longitud para permitir al hombre de atrás ver el terreno que pisa a través de ellas. 

— Camilla de arrastre. Se eligen dos ramas de cuatro a cinco metros, o dos arbolillos jóvenes que se despojan de sus ramas laterales; se unen por dos travesaños de 50 cm, colocados a un metro de los extremos. Se coloca sobre ellos una manta o tela de tienda, como ya se ha explicado. El herido se acuesta atado. Un hombre es suficiente para el transporte.

TECNICA DE LAS INYECCIONES

Normas generales: 

— Lavarse las manos con agua y jabón abundantes, aclarándolas y friccionándolas después con alcohol. 

— La jeringa y la aguja se esterilizarán mediante ebullición, que debe prolongarse por lo menos diez minutos. Si son de un solo uso ya vienen esterilizadas, siendo, por tanto, desechables. 

— La aguja no debe nunca flamearse en la llama, pues el metal de su composición se altera. 

— La ampolla se romperá cortando el cuello con una lima u otro dispositivo semejante. Se aspirará el líquido de la ampolla, introduciendo la punta de la aguja y aspirando con la jeringa. 

— En caso de ser viales con tapón de goma, se pinchará a través de éste, aspirando su contenido en la cantidad que se desee inyectar. 

— La jeringa debe llenarse de tal manera que no quede aire (burbujas) entre émbolo y jeringa. 

— La piel de la zona en que se efectúe la inyección se desinfectará previamente, limpiándola con alcohol o con tintura de yodo.

TECNICA DE LA INYECCION 
SUBCUTANEA O HIPODERMICA

El lugar de elección es la cara externa del brazo o del muslo; una vez desinfectada la zona, tomaremos un pliegue grande de la piel entre los dedos índice y pulgar de la mano izquierda, y apoyando la punta de la aguja sobre la superficie de la piel, en dirección oblicua hacia arriba, con un movimiento seco, la introduciremos dos o tres centímetros, con rapidez y sin violencia. 

A continuación se aspira, y en caso de teñirse la jeringa de sangre, se introducirá la aguja de nuevo. 

Seguidamente se inyecta el líquido con lentitud y en intervalos, desplazando un poco la aguja, si la cantidad a inyectar fuera considerable; una vez vaciada la jeringa se retirará rápidamente con la mano derecha.

TECNICA DE LA INYECCION INTRAMUSCULAR

Se siguen las normas generales antes dichas en la preparación del inyectable, aunque teniendo en cuenta que la aguja sea más larga y ancha que en la inyección subcutánea.

Se inyectará en la masa de los músculos glúteos. Para determinar el lugar donde debe pincharse, se divide cada nalga en cuatro cuadrantes, por medio de dos líneas perpendiculares, estando situada la horizontal en el pliegue interglúteo, en su extremo superior. La zona apropiada para la inyección es el cuadrante superior externo de cada nalga. 

También puede seguirse otro sistema, uniendo por medio de una línea la extremidad superior del pliegue interglúteo con la cresta ilíaca (relieve óseo de la cadera, hallado por palpación). El punto medio de esta línea es el apropiado para inyectar.

Teniendo cargada la jeringa, separamos la aguja de ella; con la aguja sostenida por los dedos pulgar e índice de la mano derecha y dirigida perpendicularmente, se introduce con un golpe seco en la masa del músculo glúteo. Ya introducida, aguardaremos unos momentos para cerciorarnos de que no sale sangre por su extremo libre; si saliese, debe sacarse la aguja; si no, se une a la jeringa y se aspira un poco para ver si no se extrae sangre. 

Una vez comprobado esto, se puede inyectar lentamente el contenido de la jeringa. 

Una vez terminada la inyección, se retiran aguja y jeringa, bien juntas o separadas, y se frotará suavemente el punto de la inyección con el desinfectante que utilicemos.



martes, 28 de marzo de 2023

COMO PREVEER EL TIEMPO EN UNA SITUACIÓN DE SUPERVIVENCIA


En caso de que tengas que emprender la marcha, te será de gran utilidad conocer el pronóstico del tiempo para no ser sorprendido por tormentas, nevadas, frentes frios...

A continuación  te explicamos varias manera para poder hacerlo, tanto si dispones de instrumentos adecuados para ello, o no.

PREDICCION DEL TIEMPO 
CON AYUDA DE INSTRUMENTOS

Aunque en una situación de supervivencia no será normal contar con instrumentos para la predicción del tiempo, sí es posible que, en determinados casos, se pueda disponer de aparatos tales como barómetros y/o termómetros que contribuyan a dicha predicción.

Indicaciones del barómetro

De una manera general, las regiones cubiertas por un frente o por la masa de un sistema nuboso coinciden con una baja del barómetro, mientras que en la cola del sistema se registra un alza de la presión. Por tanto, el descenso del barómetro, con buen tiempo, anuncia empeoramiento, y una subida, con mal tiempo, es síntoma de mejoría. 

La baja súbita, aunque sea débil, indica una perturbación próxima que ocasionará vendavales o chubascos de corta duración. Si el descenso es considerable, presagia una tempestad. 

La baja lenta, regular y pronunciada del barómetro indica un período largo de mal tiempo, siendo tanto más acentuada la perturbación cuanto de más alto nivel parta el barómetro y más bajo descienda. 

Una elevación rápida, cuando la presión está próxima por debajo de la media y el tiempo es bueno, señala viento y el acercamiento de una depresión, bajo cuya influencia no tardará en bajar el barómetro. Un alza brusca, cuando el termómetro está bajo, es presagio de buen tiempo. 

Si la subida es considerable y prolongada se puede contar con varios días de buen tiempo. 

En el llano, en los días de calma del verano, el barómetro baja uno o dos milímetros al mediodía y sube al atardecer. En montaña, por el contrario, con tiempo estable, el barómetro sube un par de milímetros al mediodía, y si se registra lo contrario es señal de perturbaciones en perspectiva.

Otro signo muy significativo a considerar junto con la observación del barómetro, es el cambio de dirección del viento. Cuando el viento gira en el sentido de las agujas del reloj y el barómetro sube, es señal de buen tiempo. Cuando el viento gira en sentido contrario y desciende el barómetro, es signo de mal tiempo. 

Las indicaciones barométricas cobran un mayor valor en la predicción cuando se combinan con la observación del cielo. Consideremos, por ejemplo, que el barómetro esté alto, acabando de registrar un alza brusca, que el viento sea débil y variable y que aparecen cirros rápidos: nos hallamos en el seno de una perturbación y los cirros indican la llegada de un sistema nuboso importante que cubrirá el cielo. 

Si la presión es media y sin grandes variaciones, el viento débil y variable, y el cielo, en verano, presenta aspecto caótico, se habrá de esperar, como más probable, el desencadenamiento rápido de una tormenta.

Indicaciones termométricas

Sabido es que los cambios de temperatura originan los fenómenos de evaporación y de condensación en la atmósfera y que, por tanto, son causa de nubosidad y precipitaciones. Con independencia de las variaciones regulares de la temperatura, debidas a la altura del Sol, al día y a la noche, la altitud, la estación, etc., se han de considerar otras accidentales, que dan origen a perturbaciones y obedecen a las causas siguientes: 

— La nubosidad, como regulador térmico, impide un excesivo calentamiento del suelo durante el día y que se produzca una gran pérdida de calor por irradiación durante la noche. 

— Por el contrario, los cielos despejados dan lugar a notables diferencias entre las temperaturas del día y de la noche. Esto, cuando el aire es muy húmedo y hay estabilidad atmosférica, produce la condensación del vapor de agua, con aparición de nieblas, que suelen desaparecer por la mañana, al calentarse el aire por insolación. 

— En verano, un gran aumento de temperatura origina de inmediato fuertes corrientes ascendentes, y si el aire se halla suficientemente cargado de humedad, se acumulan nubes de desarrollo vertical que pueden degenerar en grandes tormentas. 

— La elevación de temperatura, unida al cambio de la dirección del viento de S. a W., después de uno o varios días de mal tiempo, indica el paso de un frente cálido que proporcionará uno o dos días de tiempo bueno, sin bien seguirá otro período más corto de tiempo borrascoso, a causa del tiempo frío que viene detrás del cálido. 

— El paso del frente frío se notará por la disminución de la temperatura y aumento de la nubosidad.

— El aumento de temperatura con viento sur originará en la montaña corrientemente grandes aguaceros o nevadas, según sea la estación del año.

PREVISION DEL TIEMPO POR INDICIOS

Esta clase de predicciones, por la influencia de la montaña en los fenómenos atmosféricos e irregularidad de las perturbaciones, será la más imprecisa y expuesta a error. Los indicios ofrecen una significación concreta y permiten formular pronósticos locales a corto plazo. Vienen a suplir la falta de otras informaciones, aunque pueden servir también para confrontarlos con ellas y deducir si están de acuerdo o si presentan contradicción. En este último caso, el indicio local adquiere un valor superior y prevalece sobre las demás indicaciones.

Indicios de tiempo estable 

Es esencial el saber discernir entre el verdadero buen tiempo estable, motivado por la persistencia de un régimen de altas presiones, y la mejoría transitoria, correspondiente a los intervalos que dejan los sistemas nubosos en movimiento. Son signos de buen tiempo estable: 

— Cielo ligeramente rosáceo al amanecer, el disco solar limpio y brillante y nieblas matinales en el fondo de los valles. 

— Durante el día, el cielo despejado, cálido y seco. La visibilidad suele verse empañada a causa de la bruma ligera que reina en el ambiente. 

— La brisa del valle empieza a soplar hacia las nueve o diez de la mañana, y adquiere su mayor fuerza al mediodía. Sobre las pendientes de las montañas, a alturas similares, es frecuente la formación de cúmulos, que se elevan después del mediodía, cubriendo las cumbres, y se esfuman al atardecer. A menudo se forman y disuelven también algunos cirros. Las nubes altas proceden del N., NE. y SE. 

— En el ocaso del día, el cielo está claro y presenta un colorido amarillo rojizo, con el horizonte despejado. Después de un intervalo de calma, la brisa de la montaña reemplaza a la del valle. La noche refresca notablemente, originando rocío o escarcha, según la estación. La noche de Luna brillante o muy estrellada puede pronosticar helada. Si se distinguen relativamente pocas estrellas, pero con fuerte centelleo, y no aparece ningún halo alrededor de la Luna, no serán de esperar variaciones.

— De forma general, los vientos fríos y secos del N., E. y NE., así como los que siguen al Sol en su carrera diurna, llevan consigo y mantienen el buen tiempo. 

— La formación y persistencia de las nieblas indican predominio de las altas presiones y es signo de estabilidad atmosférica. 

— Los insectos y pájaros despliegan gran actividad. Indicios anunciadores de cambio de tiempo

CON RESPECTO A LA NUBOSIDAD 

Si con buen tiempo cruzan el cielo nubes a distintas alturas, se acerca un frente, lo que presagia mal tiempo. 

En situación normal, el calentamiento nocturno ocasionado por la nubosidad se pone de manifiesto: por la mañana, por la ausencia de rocío y estado de la nieve poco o nada helada, y, eventualmente, por el desprendimiento de aludes nocturnos o matinales. 

Por el contrario, la llegada de un cuerpo nuboso durante el día produce la refrigeración de la atmósfera en verano y su calentamiento en invierno. En verano se nota que el fuego no tira bien y que el humo se estanca; en invierno, las nieblas suben de los valles y se disuelven en las alturas. La presencia de la cola de un sistema nuboso (fin de la perturbación) se aprecia por un refrescamiento importante durante la noche, y durante el día; por un recalentamiento en verano y un refrescamiento en invierno. Algunos indicios de este refrescamiento diurno invernal son:

— Transformación de la precipitación de agua en nieve, tras un período prolongado de mal tiempo, la disminución progresiva del tamaño de los copos de nieve y la visión, a través de claros, de los flancos blanqueados de las montañas. Puede suceder que el buen tiempo anunciado por el enfrentamiento atmosférico no sea más que de corta duración.

CON RESPECTO A LOS VIENTOS 

En cuanto a los vientos, como signo de inestabilidad atmosférica, cabe decir: 

— El viento cálido y húmedo, generalmente del S., va acompañado de lluvias, nieve o tormentas en invierno; en primavera se producen aludes, y tormentas en verano. 

— El viento frío y húmedo, W. y NW., suele producir mucha nubosidad, originando lluvias en verano y nevadas y ventiscas en invierno. 

— Otro indicio muy significativo es el cambio de dirección del viento, pues indica el curso que siguen las masas de aire. Sobre todo si cambia de N. o NE. a S. o SW., señala la aproximación de borrascas.

— Debido a que en la montaña existen causas modificadoras de la dirección de los vientos (la acción directriz de los valles y la dinámica de las crestas, la combinación de las brisas del valle y de la altura, etc.), para relacionarlos con las perturbaciones atmosféricas se hace preciso conocer las características locales que presentan y el tipo de tiempo que comportan.

Indicios por la observación del cielo

COLOR DEL CIELO 

Ya hemos hecho referencia a esta cuestión; no obstante, conviene ampliarla por el interés que encierra: 

— El color rosáceo significa que el aire está seco; el amarillo, que está húmedo, y el verdoso, que hay mucha humedad. 

— Todos los colores brillantes son un mal presagio, pero el verde, invariablemente, es señal de que se cierne mal tiempo. El cielo de buen tiempo es siempre rosa cuando va a salir el Sol, como también lo es el primer rayo solar que incide sobre un pico elevado. Este color pasa rápidamente a amarillo dorado si el día va a ser bueno; mientras que no cambiará si el cielo se va a cubrir. 

— Un cielo rosado al atardecer, con pocas o ninguna nube, es síntoma de muy buen tiempo. Las fajas escarlata, violeta o rojo encendido, al ponerse el Sol, constituyen malos auspicios. 

— Una puesta de Sol en un cielo amarillo pálido anuncia lluvia, y cuando el amarillo es brillante surge el viento, que será fuerte si las nubes se ven arreboladas. 

— También es signo de viento cuando la Luna aparece roja. 

(Aparte de lo que puedan explicar los indicios, es de destacar que no tiene fundamento creer que los cambios atmosféricos guardan relación con las fases lunares.)

LAS NUBES

La observación de las nubes permite conocer:

— La dirección y fuerza del viento en las capas altas, que se deducen con aproximación observando a simple vista el movimiento de las nubes. La velocidad de su desplazamiento se puede determinar también efectuando ligeros cálculos de circunstancias. 

— La temperatura y la humedad atmosférica. 

No se trata de obtener valores concretos, sino de apreciaciones relativas.

La temperatura se refleja en el color de las nubes, que serán tanto más blancas cuanto más baja sea aquélla. El color blanco lo da la presencia de cristales de hielo. Para igual contenido de humedad, las nubes estarán tanto más altas cuanto más frío sea el aire. 

El contenido de la humedad de la atmósfera viene indicado por la cantidad, el espesor y el techo de las nubes. Las más bajas y espesas contienen mucha humedad. 

— La evolución del tiempo. Puede deducirse de la aparición o presencia de ciertos tipos de nubes: 

• Los cirros, si se presentan aislados y se desplazan despacio, resultan inofensivos. Si marchan en cabeza de un sistema nuboso, son síntoma de mal tiempo. Y si tienen tendencia a convertirse en cirrostratos o altostratos, el mal tiempo es inminente. 

• Los cúmulos suelen ser signo de buen tiempo. 

• Los altostratos auguran mal tiempo. 

• Los altocúmulos, después de algunos días de buen tiempo, anuncian lluvia próxima. Si se observan con tiempo lluvioso, indican mejoría. 

• Los altocúmulos "castellatus" anuncian la cercanía de una tormenta. 

• Los altocúmulos "floccus" son señal de aguacero. 

• Los altocúmulos "lenticulares" lo son de viento fuerte en superficie. 

• Los cirrocúmulos son signo de viento en altura. 

• Los nimbostratos son nubes características de lluvia. 

• Los cumulonimbos van acompañados de precipitaciones de agua, nieve o granizo y pueden originar aparatosas tormentas. 

Con independencia de lo anterior, es de recordar que cada región montañosa tiene sus particularidades, las que influyen en la formación de las llamadas "nubes orográficas". Estas nubes se producen por la detención y elevación de las masas de aire, que, al verse obligadas a franquear las montañas permanecen ligadas a los accidentes que las originan. Se distinguen tres tipos generales: 

— Nubes formadas a barlovento, que cubren las cimas y se deshacen al descender por sotavento. Se producen con poco viento y gran humedad. 

— Nubes formadas después del paso de las crestas. Lo hacen con viento fuerte, tienen forma lenticular y pueden coexistir con las anteriores. 

— Nubes de altitud sobre el obstáculo. Generalmente son altocúmulos o cirrocúmulos, formados por la existencia de una capa de aire bastante húmedo encima de la montaña y poca humedad en la masa que franquea el obstáculo. Se reabsorben al perder altura y mezclarse con aire más bajo y limpio.

Indicios por la visibilidad 
y fenómenos ópticos.

La visibilidad raramente es buena con buen tiempo, a causa del estancamiento del polvo atmosférico en las capas de aire próximas al suelo ("bruma seca") o de la desviación irregular de los rayos luminosos por las capas desigualmente calentadas ("bruma de calor"). 

A la inversa, una visibilidad anormalmente buena habrá de ser interpretada como mal indicio. 

Salvo inmediatamente después de la lluvia, en que la atmósfera se encuentra lavada, refrescada y homogénea, una visibilidad excesiva denota la presencia de humedad elevada, que impregna el polvillo y le hace caer por su peso; o bien es señal de que se producen corrientes convectivas que elevan el polvo a gran altura. En cualquiera de los casos existirá una amenaza de cambio de tiempo o de tormenta. 

Esto se aprecia muy bien en la montaña, cuando parece que se aproximan las cumbres y se distinguen con claridad todos los detalles del relieve. Si se ve el arco iris por la mañana, posiblemente continuará la precipitación; pero si aparece por la tarde, es signo favorable para el cese del chaparrón. 

Un sol pálido al amanecer, el cielo blanco lechoso, el halo y sus fenómenos secundarios alrededor del Sol y de la Luna, denuncian la presencia de un velo de cirrostratos en vanguardia de una perturbación. Anuncian lluvias con anticipación de veinticuatro a cuarenta y ocho horas, salvo que la perturbación sea local o muy violenta. 

La superficie mate de los lagos, estanques y remansos de agua también es augurio de mal tiempo.

Señales suministradas por los seres vivos.

Se puede dar por cierto que la conducta de algunos animales guarda relación con los cambios de tiempo, y también que la sensibilidad humana se ve afectada por la proximidad de las perturbaciones. 

Como observaciones biológicas más sintomáticas de la inestabilidad atmosférica se recogen: 

— La mayor parte de las aves insectívoras vuelan bajo y lanzan chillidos. 

— Los grajos lo hacen en bandadas y principalmente por la mañana. 

— Las gaviotas vuelan alto y hacia tierra. 

— Los peces saltan para atrapar moscas y mosquitos a ras de agua. 

— El gallo canta a deshora. 

— Los tábanos, moscas y mosquitos despliegan actividad agresiva y pertinaz.

— El ganado se siente inquieto y busca resguardo. 

— Durante la tarde, las babosas, gusanos, sapos, culebras, etc., hacen su aparición y cruzan los caminos. 

— Los animales salvajes, liebres, zorros, sarrios, etc., salen de sus abrigos y se acercan a los lugares habitados. 

— Los enfermos reumáticos, al igual que los que han sufrido fracturas o intervenciones quirúrgicas, sienten reincidir en sus dolores.

Otras ayudas para la predicción 

Como complemento de los indicios enumerados anteriormente, son de considerar dos cuestiones que, por el fundamento que aporta la experiencia, pueden ser muy interesantes para ayudar a resolver el dificil problema de la predicción del tiempo. 

La primera se refiere a los informes o noticias que puedan facilitar los indígenas. Ellos conocen los fenómenos atmosféricos locales y las circunstancias en que suelen producirse. Saben del viento, de sus efectos y duración, según de donde sopla; saben que la probabilidad para que haya precipitación será mayor o menor según que las nubes ofrezcan uno u otro aspecto, corran en tal o cual dirección y se agarren o no a las alturas circundantes, etc. 

También los dichos, los proverbios y el refranero prodigan orientaciones que, en muchas ocasiones, son dignas de crédito y hasta contienen consejos aprovechables.




EL ORIGEN DE LAS TENSIONES EN SITUACIONES ESTRESANTES


Sentir miedo es normal y necesario; lo produce el instinto de conserva­ción y es una forma natural de estímulo enérgico, justamente cuando es más necesario. Sin embargo, es preciso controlarlo para no caer en el pánico.

Es consciente cuando resulta de una situación conocida, pero aparece fre­cuentemente a nivel inconsciente creando un sentimiento de preocupación y depresión, incomodidad o ansiedad, no definida.

Todo ello crea un malestar que puede agravar la salud y restar mucho a nuestras posibilidades de supervivencia.

El miedo afecta al control de nuestra conducta, pudiendo llegar a conver­tirse en pánico, que provocará reacciones negativas, ya que desboca la ima­ginación, además de inhibir los reflejos e impedir la reacción contra las causas que lo motivan.

La separación entre valentía y cobardía o entre precaución y pánico no es clara a veces, por cuanto el miedo puede conducir a valentía temeraria o a precaución inútil o peligrosa. El control adecuado se conseguirá mediante una serena estimación y una vigilancia constante de la propia conducta.

Los síntomas del miedo son:

— Taquicardia.

— Temblores.

— Dilatación de las pupilas, aumento de tensión muscular, fatiga, seque­dad de boca y garganta, agudización de la voz, sudor en manos y pies, náuseas, molestias en el estómago.

— Locuacidad en el primer momento y mutismo en los estados más avan­zados.

— Irritabilidad y hostilidad.

— Sentimientos irreales, pánico, estupor.

— Confusión, pérdida de memoria, incapacidad patente de concentra­ción.

El miedo será controlado:

— Investigando sus causas y no sus efectos.

— Con voluntad de vencer.

— Con autoconfianza.

Para superarlo se deberá actuar así:

— Reconocerlo, comprenderlo y aceptarlo.

— Pensar, planear y actuar, aunque se sienta temor, con lógica y pensan­do en problemas más importantes.

— Pensar que todo depende de uno mismo, así como su superación.

— Mantenerse física y mentalmente ocupado, descansando cuanto sea necesario.

— Anticiparse a los acontecimientos para evitar la sorpresa.

— Pensar en familiares y amigos de una manera positiva, como una fuer­za que impulsa al regreso.

— Sacar partido a todo lo que le rodea.

— Investigar; cuanto mejor se conozca el entorno, menor será el temor a lo desconocido.

— Pensar que la causa del miedo es debida a algo conocido que todavía no ha sido descubierto, y no basarlo en algo irreal o ficticio.

— Si se es creyente, buscar ayuda moral en los sentimientos religiosos, y si no, en la solidaridad humana.

La soledad

El hallarse de repente solo y abandonado, en un terreno desconocido, supone un trastorno de toda personalidad, un choque psíquico.

La soledad se relaciona con el aislamiento y el miedo. Puede ser especial­mente grave en el caso de personas sensibles a la soledad y que se encuentren sin compañía. La falta de autoconfianza y la apatía contribuyen a agravarla.

También, a veces, puede ser causa de pánico, conduciendo a la desespera­ción, a ideas de suicidio, a descuido que facilite la captura e incluso a la ren­dición sin lucha.

Para superarla se deberá:

— Hablarse a sí mismo de forma positiva.

— Mantener una actividad constante.

— Planear y pensar continuamente.

La desmoralización

La importancia de la moral es innegable, y de ella dependerá el resultado. Una moral elevada ayuda a mantener la disciplina, lo cual es imprescindible para sobrevivir individual o colectivamente.

La falta de confianza en sí mismo, en las propias creencias y en la misión, hará que en una situación de crisis se produzca la desmoralización, lo que traerá consigo una actitud de pasividad ante cualquier riesgo o peligro.

El nerviosismo

El nerviosismo crea un estado de ansiedad que lo hace a uno descuidado e impaciente, exponiéndose muchas veces a riesgos innecesarios.

El nerviosismo conduce también a la irritación, la cual impide razonar. Cúando esto ocurra, conviene detener las actividades y calmarse, empezando de nuevo.

El dolor, las heridas, la enfermedad

En el aspecto fisico, en una gran mayoría de los casos, el individuo se encontrará con un vigor muy disminuido y una salud debilitada por las priva­ciones y heridas, que, lógicamente, también repercutirán en su moral.

Mientras se busca o aplica un remedio, hay que poner en juego la fuerza de voluntad para no dejarse dominar por el dolor.

Hay que pensar que, por encima de heridas o enfermedades, está el cum­plimiento del deber y la voluntad de sobrevivir, concentrándose en el planea­miento y decisión de lo más urgente, con una ocupación constante.

El cansancio, la sed, el hambre, el sueño

Todos ellos disminuyen la capacidad física y psíquica, nos hacen descui­dados e incrementan las posibilidades de ser capturados.

Hay que juzgar las posibilidades reales para caminar, transportar equipo o trabajar; después planear, evitando la extenuación con el adecuado descan­so y sueño.

El frío, el calor

Estas dos sensaciones son dos factores desestabilizantes del equilibrio del individuo.

El frío adormece el cuerpo, disminuye la corriente sanguínea y produce sueño. Un cuerpo entumecido por el frío está preparado para morir.

El calor produce debilidad y apatía. Tan peligroso como todo eso son los cambios bruscos de temperatura de ciertas regiones, así como las corrientes de aire que actúan como un refrigerador, disminuyendo la temperatura cor­poral.

La temperatura normal del hombre es de 36,7° C, y cualquier variación en ella produce una disminución de la eficacia. Un incremento de 3 a 5° sobre lo normal, durante un período prolongado, puede producir la muerte.

NECESIDADES

La convivencia con la tensión o estrés

En una situación de supervivencia son muchas las causas que pueden pro­ducir estrés, sobre todo el miedo a lo desconocido, que, si no es controlado, puede desencadenar una serie de mecanismos que lleven al individuo y al grupo a su autodestrucción. El exceso de tensión atonta y se relaciona con el pánico, la angustia y la psicosis colectiva. La tensión influye en el rendimien­to, la moral y la capacidad de trabajo.

En la vida en comunidad el hombre se carga de una serie de afectos some­tidos a una escala de valores. Desde una situación de supervivencia, el único afecto, el único objetivo, es la preservación de la vida. En cuanto éste cede, el fin está próximo.

Ante el problema de la tensión, el primer paso debe ser la reflexión.

Se podría pensar que el ideal sería la eliminación total de la tensión, pero esto traería consigo la pasividad ante el peligro, así como una disminución de la capacidad de aprendizaje.

La experiencia demuestra que sin llegar al estrés, la inquietud crea defen­sas ante el peligro. Eliminarla por completo significa renunciar a una impor­tante fuerza impulsora en el mecanismo de la vida. Algo de tensión, ese hormigueo que padecen algunas personas, ese nerviosismo del paracaidista antes del salto, resulta indispensable cuando se trata de demostrar de lo que uno es capaz.

Lo importante es aprender a convivir con la tensión de manera que nos estimule, pero no nos destruya.

El hombre ha de emplear la razón para obligarse a prestar atención, pero no asustarse, por un acontecimiento peligroso o amenazador. Es necesario pensar, para evitar el estrés, que todo problema tiene una solución y que el conocimiento, la conciencia de ese peligro o amenaza, es el primer paso para su solución.

El crear un "espíritu de equipo" absorberá parte de estas tensiones inter­nas, cohesión que se obtendrá fundamentalmente fomentando el compañe­rismo.

La organización

El hombre no vive solo, ni puede hacerlo totalmente; la dependencia, el intercambio, no sólo no acaban con su libertad, sino que le ayudan a sobrevi­vir. Las actitudes individualistas disminuyen las posibilidades de salir ade­lante.

En esta organización será tan importante la actuación del Jefe como la entrega que cada uno de sus miembros haga de sus posibilidades en benefi­cio de la unidad. El trabajo en comunidad, bajo las reglas de una organiza­ción, ayuda a vencer o disminuir la tensión.

Los conocimientos y experiencias de cada uno y la actitud de aprendizaje de los demás, favorecen los lazos de solidaridad, creando unas actitudes más sociales, lo que traerá consigo una organización más perfecta, e individual­mente un aumento de la autoconfianza.

Una buena estructuración del grupo, no sólo aumentará el rendimiento en el trabajo, sino que, además, levantará la moral.

Mando enérgico y capacitado

La falta de mando o debilidad en el mismo, conduce al desorden, la con­fusión y la indisciplina.

El Jefe de la Unidad debe tomar todas las decisiones en cualquier situa­ción y dar las órdenes para que éstas puedan llevarse a cabo.

Bajo ninguna circunstancia deberá ceder el mando que le corresponda a ningún otro por muy capacitado que le parezca y mucho menos dejárselo arrebatar por quien la casualidad o la audacia haya colocado en una posición preponderante.

Para mantener el prestigio y la superioridad sobre los hombres, el mejor medio es la capacitación técnica, auxiliada de una buena forma física y gran energía, pero puesto que es imposible dominar a la perfección todas las acti­vidades necesarias y pueden existir subordinados con más experiencia, habi­lidad o capacidad en determinados aspectos, será una buena medida de mando solicitar información y asesoramiento de ellos, conservando siempre la facultad de decidir.

Por encima de todo, el Jefe debe evitar siempre cualquier apariencia de indecisión y, sobre todo, disimular cualquier decaimiento anímico o enfer­medad, pues afectará muchísimo a la moral de sus subordinados.

El ejemplo ha sido y es siempre el mejor medio para asegurar el afecto y respeto de los subordinados y, en estas situaciones críticas, la única forma de asegurarse la obediencia voluntaria y el máximo esfuerzo de los hombres.

El Jefe debe dar ejemplo constante participando activamente en todos los trabajos y sufriendo con sus hombres las incomodidades, sometiéndose al mismo racionamiento y género de vida, sin recabar para sí ningún trato espe­cial a costa de mayor trabajo o necesidad de los demás.

La disciplina

La disciplina es la base de toda organización militar. Una estricta auto­disciplina contribuirá a mejorar la situación de supervivencia individual o de grupo. Mantener un buen aspecto, tanto físico como anímico, levantarse al amanecer, marcarse un horario, la higiene personal, la limpieza de la zona, etc., ayudarán a mantener la presencia de ánimo.

La fatiga, las privaciones, etc., conducen inevitablemente a una pérdida de moral, que se traduce en actos de indisciplina que es necesario cortar radical­mente apelando a las medidas más enérgicas.

El Jefe vigilará directamente a sus hombres para evitar las discusiones, las peleas, la murmuración, la resistencia pasiva, el incumplimiento de las órde­nes y la negligencia. Debe ser justo y equitativo en la distribución de misio­nes, peso a transportar, raciones, etc., y que las medidas disciplinarias que tome ni sean ni parezcan arbitrarias, injustas, inoportunas o debidas a consideraciones personales.

Sanidad e higiene

Ante una situación de supervivencia, los débiles, los heridos y los enfer­mos, tanto reales como imaginarios, son los primeros en abandonarse tanto en la cura de sus dolencias como en las prácticas de higiene.

La Unidad debe velar para el cumplimiento, por todos sus miembros, de las normas dictadas al efecto, ya que el primer paso para la relajación de la disciplina y el decaimiento moral es el abandono de la higiene personal. Ade­más, el mantenimiento de una estricta higiene y limpieza es la norma básica en la prevención de enfermedades.

El descanso

El estar lejos del enemigo, en un lugar seco y seguro, que proporcione unas horas de descanso, puede ser la mejor medicina para el cuerpo y la mente, en una situación de supervivencia.

El nivel de cansancio y la defensa ante el mismo marca la posibilidad de supervivencia.

El sueño, en su forma y duración, está en función del posible enemigo o peligro, tanto fisico como psíquico (miedo, preocupación, etc.).

No es la duración del sueño la que determina el proceso de recuperación del organismo, sino su profundidad. Sin embargo, el abandonarse a un sueño profundo puede acarrear graves consecuencias ante un peligro inmediato.

La forma física

El mantenimiento de la actividad física constante no sólo sirve para man­tener el cuerpo en condiciones de enfrentarse a cualquier situación, sino tam­bién la mente ocupada y, por tanto, apartada de preocupaciones negativas.

En el reino animal, todos sus miembros mantienen dicha actividad, ya que el relajo o descuido de la misma los hace ser fácil presa de sus enemigos. 

Los inconvenientes del desgaste energético que pueda suponer el mante­ner una continua actividad, se ven ampliamente compensados por un mayor rendimiento y la percepción de un mejor estado físico y psíquico (menos cansancio y hambre, aunque parezca paradójico, menos angustia y moral más elevada).